Poema primero

Poema primero

 

Tómenme de los pies
Y de las manos.

Empújame tú, viento
contra el suelo.

Gravitación atráeme a tu centro
y abráceme la tierra
entre sus grietas.

Raíces verdinegras
cual sogas sigilentas
hagan nudos fibrosos, blanquecinos.

Ciérrenme bien los ojos.
Tápenme los oídos.

Córtenme plumas grandes y pequeñas,
pódenme hasta el dolor,
todos los gajos.

Arránquenme los brotes frescos…
todo vestigio humano
que se quede.

Permítanme volar sin haber muerto.
Quiero llegar a las estrellas,
desnuda, toda hembra,
como si fuera crear un mundo nuevo,
que se funda mi cuerpo como tea
para aumentar
la llama de la hoguera.

Ser parte de los cielos,
para engendrar millones de semillas,
luces del universo,
y distraerlas,
abonar con ellas un pedazo de tierra,
para que me caminen
los que vienen;
se alimenten de mi alma y de mi cuerpo
y se tiñan de luz los que me pisen.

Ser peregrina de los tiempos,
con el mester de escribir
verso tras verso,
libres o encadenados a un poema,
y todos ellos con un mensaje cierto
y verdadero.

Si es que no logran quererme,
si es que no llegan a amarme,
si es que no me comprenden,
Déjenme que me muera
lentamente,
aquí, aprisionada.

No permitan que vuele.
No me escuchen, no me lean,
no reconozcan mi amor y mi deseo
Déjenme morir…
con la tinta reseca de mis lápices llenos
y pónganme por lápida, hojas blancas,
como libros lavados por las lluvias,
vacíos, ingrávidos, desiertos.